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[ Sustentabilidad ]

Vino italiano: sostenible no es lo mismo que orgánico

Impresión a una tinta de un olivo de tronco retorcido junto a una hilera de paneles solares en terreno aterrazado.

Italia se convirtió en el primer país europeo en dotar a sus productores de vino de una certificación única de sostenibilidad, mediante un decreto del ministerio de políticas agrícolas.

Es un movimiento con más consecuencias comerciales que ambientales, y conviene entender por qué.

Sostenible no es orgánico

La confusión es constante y la diferencia, sustancial:

Orgánico / biológicoSostenible
Qué regulaLos insumos: qué se puede aplicar en el viñedo y en la bodegaEl sistema completo de producción
Dimensión ambientalSí, centrada en productos químicosSí, ampliada: agua, energía, suelo, biodiversidad, emisiones
Dimensión socialNo contemplada: condiciones de los trabajadores
Dimensión económicaNo contemplada: viabilidad de la explotación en el tiempo
VerificaciónCertificación de productoCertificación de proceso y de empresa

Un vino sostenible es, según la definición que acompaña a estos esquemas, uno elaborado con métodos del menor impacto posible sobre el medio ambiente, que preservan los recursos naturales para las generaciones futuras y la biodiversidad, e integra además sostenibilidad económica y social, con garantías para quienes trabajan.

Un vino puede ser orgánico y no sostenible —producido con insumos autorizados pero con condiciones laborales deficientes o consumo de agua insostenible— y puede ser sostenible sin ser estrictamente orgánico.

Lo que ya existía

La certificación no salió de la nada. Desde 2011 funcionaba en Italia un proyecto ministerial de sostenibilidad vitivinícola con etiqueta propia, al que se acogieron numerosas bodegas del país.

Ese antecedente es lo que hizo posible el paso siguiente: había ya una masa crítica de empresas con experiencia en medir su desempeño, y un método de evaluación probado.

Y las empresas que ya contaban con certificaciones ambientales pudieron acceder sin costo al nuevo esquema durante un período transitorio, lo que evitó el obstáculo habitual de estos procesos —que la certificación cueste más de lo que rinde para el productor mediano.

Por qué importa que sea única

Este es el punto central, y es de comunicación antes que de agronomía.

El mercado del vino acumulaba decenas de esquemas de sostenibilidad: privados, regionales, de consorcio, de cadena de distribución, cada uno con sus criterios y su logo.

Para el consumidor, ese panorama es indescifrable. Diez sellos distintos en diez botellas no informan: anulan la información, porque nadie puede saber cuál exige qué.

Una certificación nacional y única, respaldada por el Estado, resuelve ese problema de un golpe. Es la misma lógica que hizo funcionar las denominaciones de origen: un solo sistema, con reglas públicas, que el comprador aprende una vez.

El contexto de mercado

La sostenibilidad dejó de ser un argumento de nicho en el vino: la demanda de credenciales verificables crece tanto entre profesionales —distribuidores, cadenas, importadores— como entre consumidores finales, en Europa y fuera de ella.

Y en el comercio internacional, ese tipo de exigencias tiende a moverse en una sola dirección: hoy es una ventaja competitiva; en unos años será un requisito de entrada a determinados canales.

Por qué le interesa a Chile

Chile es uno de los grandes exportadores mundiales de vino y compite en los mismos mercados donde esa credencial empieza a pesar.

Además, comparte con Italia los dos problemas que la sostenibilidad vitivinícola intenta abordar: estrés hídrico en las zonas productoras y presión sobre suelos en viñedos de larga explotación.

La industria chilena ha desarrollado sus propios esquemas de sostenibilidad sectorial, y el caso italiano ofrece un antecedente útil sobre el paso siguiente —el que convierte una iniciativa gremial en una certificación respaldada por el Estado, que es exactamente donde el sello empieza a valer en el lineal de un supermercado extranjero.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un vino sostenible?

Un vino elaborado con métodos de menor impacto ambiental posible, que preservan los recursos naturales y la biodiversidad, e incorporan además criterios económicos y sociales.

¿Es lo mismo que un vino orgánico?

No. El orgánico regula qué insumos se pueden usar en el viñedo; el sostenible añade dimensiones sociales y económicas, incluidas garantías para los trabajadores.

¿Qué hizo Italia?

Aprobó un decreto que estableció una certificación única de sostenibilidad para sus productores, la primera de ese tipo en Europa.

¿Existía algo antes?

Sí: desde 2011 funcionaba un proyecto ministerial de sostenibilidad vitivinícola con su propia etiqueta, al que se acogieron numerosas bodegas.

¿Qué ventaja da una certificación única?

Que el consumidor entiende un solo sello en lugar de una docena de esquemas privados incomparables entre sí.

¿Costaba acceder a ella?

Las empresas que ya contaban con certificaciones ambientales pudieron acceder sin costo durante un período transitorio.

¿Le interesa a Chile?

Directamente: es uno de los grandes exportadores mundiales de vino y compite en los mismos mercados donde esa credencial empieza a pesar.