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La lengua italiana: cuánta gente la habla, la estudia y por qué

Impresión a una tinta de un muelle con un noray, una maroma enrollada y una maleta rígida de pie sobre la piedra.

El italiano ocupa una posición estadística peculiar entre las lenguas del mundo: tiene unos 65 millones de hablantes nativos —una cifra media— y un número de estudiantes extranjeros desproporcionado respecto a ese tamaño.

Entender esa asimetría explica bastante sobre qué es hoy la lengua italiana.

Dónde se habla

TerritorioEstatus
ItaliaLengua nacional
San MarinoOficial
Ciudad del VaticanoDe uso oficial
SuizaUna de las lenguas oficiales de la Confederación
Comunidades de emigradosMantenida en distinto grado, según generación

El caso suizo es el que sostiene la participación de ese país en las iniciativas culturales italianas: no es un gesto de vecindad sino una cuestión de lengua propia.

Y el último renglón es el que interesa a un país como Chile. El italiano de las comunidades de emigrados tiene una vida distinta del italiano estándar: conserva rasgos regionales del momento de la partida, incorpora préstamos del país de acogida y suele perderse en la tercera generación —salvo donde hay escuelas, cursos e instituciones que lo sostienen.

Por qué se estudia tanto

Aquí está la anomalía. La mayoría de las lenguas se estudian por necesidad: por trabajo, por migración, por acceso a información técnica. El italiano se estudia mayoritariamente por interés cultural.

Las razones que aparecen una y otra vez en los estudios de motivación son las mismas:

  • arte y patrimonio — quien estudia historia del arte necesita italiano antes o después;
  • música — el vocabulario técnico de la música occidental es italiano, y la ópera es intraducible en la práctica;
  • cocina — la puerta de entrada más popular;
  • diseño, moda y automoción — sectores donde la terminología profesional sigue siendo italiana;
  • literatura y cine;
  • origen familiar — en países con inmigración italiana masiva, como Chile o Argentina.

Esa composición tiene una consecuencia práctica: el estudiante de italiano suele ser un adulto motivado que eligió, no alguien obligado por circunstancias. Es, para cualquier profesor, la mejor situación posible.

De dónde viene el italiano estándar

El italiano moderno procede del toscano literario fijado por Dante, Petrarca y Boccaccio en el siglo XIV, adoptado siglos más tarde como lengua nacional del Estado unificado.

Es un caso poco común: la lengua estándar no se impuso desde una capital política sino desde un prestigio literario anterior al Estado. Cuando Italia se unificó en el siglo XIX, la proporción de la población que hablaba efectivamente ese italiano era muy pequeña; la mayoría hablaba su lengua local.

La difusión real del estándar es un fenómeno del siglo XX, y sus agentes fueron tres: la escuela obligatoria, el servicio militar y, decisivamente, la televisión.

Los dialectos no son dialectos

Una precisión importante y frecuentemente malentendida: muchas de las llamadas «hablas dialectales» italianas no derivan del italiano estándar. Son lenguas romances hermanas, evolucionadas directamente del latín en paralelo al toscano.

El napolitano, el siciliano, el véneto o el friulano no son deformaciones del italiano: son sistemas lingüísticos con su propia gramática, su literatura y, en algunos casos, reconocimiento formal. La distancia entre algunos de ellos y el italiano estándar es mayor que la que hay entre el español y el portugués.

Para un hispanohablante

El italiano es una de las lenguas más accesibles: comparte con el español la estructura sintáctica, buena parte del léxico y un sistema verbal casi paralelo.

Las dos dificultades reales están en otra parte:

Los falsos amigos, que abundan y son traicioneros precisamente porque el resto se entiende. Burro es mantequilla, salire es subir, aceto es vinagre, guardare es mirar.

Las consonantes dobles, que en italiano son fonemas distintos y cambian el significado: nono y nonno, copia y coppia, pena y penna. El oído hispanohablante no las distingue de entrada y hay que entrenarlas.

La semana de octubre

Cada octubre, la red cultural italiana dedica una semana a la lengua, con un tema distinto cada año aplicado simultáneamente en decenas de países: cursos, exposiciones, coloquios literarios, cine y jornadas de formación para profesores.

En la edición chilena esas actividades suelen incluir formatos abiertos y gratuitos —un curso en línea sobre literatura, una exposición fotográfica, un ciclo de cine— coorganizados con universidades locales. Es el momento del año en que la lengua deja de ser un servicio de matrícula y se convierte en programa público.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta gente habla italiano?

Del orden de 65 millones de hablantes nativos, principalmente en Italia, San Marino, el Vaticano y partes de Suiza, más varios millones de descendientes de emigrados que lo mantienen.

¿Dónde es lengua oficial además de Italia?

En San Marino, en la Ciudad del Vaticano y en Suiza, donde es una de las lenguas oficiales de la Confederación.

¿Por qué se estudia tanto para el número de hablantes que tiene?

Porque se estudia mayoritariamente por interés cultural —arte, música, cocina, diseño, literatura— y no por necesidad laboral o migratoria.

¿De dónde viene el italiano estándar?

Del toscano literario fijado por Dante, Petrarca y Boccaccio, adoptado siglos después como lengua nacional del Estado unificado.

¿Los dialectos italianos son variantes del italiano?

No exactamente: muchos son lenguas romances hermanas, con evolución propia desde el latín, no derivaciones del italiano estándar.

¿Es difícil para un hispanohablante?

Es una de las lenguas más accesibles: comparte estructura, léxico y sistema verbal con el español. La dificultad se concentra en falsos amigos y en la pronunciación de consonantes dobles.

¿Qué es la Semana de la Lengua Italiana?

Una iniciativa anual de octubre, con un tema distinto cada año, coordinada por la red cultural italiana en decenas de países simultáneamente.