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[ Cultura ]

La cúpula de Brunelleschi: cómo se construyó sin cimbras

Impresión a una tinta de un proyector de cine de dos bobinas sobre un soporte metálico, visto de tres cuartos.

La cúpula de Santa Maria del Fiore —el Duomo de Florencia— es probablemente la obra de ingeniería más influyente del Renacimiento, y su historia empieza con un problema que nadie sabía resolver.

Su autor fue Filippo Brunelleschi, y conviene precisar las fechas porque circulan mal: las obras comenzaron el 7 de agosto de 1420 y la cúpula quedó cerrada en 1436, dieciséis años después.

Un agujero de un siglo

La catedral de Florencia se había comenzado en torno a 1300, y llevaba más de cien años sin terminar. En la parte central había, literalmente, un hueco donde debía ir un domo.

No era negligencia. El proyecto original preveía una cúpula de un diámetro que excedía las técnicas constructivas disponibles, y la ciudad había seguido levantando el resto del edificio con la confianza —muy florentina— de que alguien encontraría la solución antes de llegar arriba.

En 1418 se convocó un certamen para analizar los proyectos y definir quién se haría cargo.

El problema técnico: las cimbras

Para construir un arco o una bóveda se usan cimbras: estructuras de madera que sostienen las piezas mientras el conjunto no se cierra y no puede sostenerse solo.

Con la cúpula florentina eso era imposible por dos razones acumuladas:

No había madera suficiente. Una cimbra para ese diámetro habría requerido una cantidad de madera y una estructura de apoyo que la Toscana no podía proveer.

No había dónde apoyarla. El tambor estaba a decenas de metros de altura sobre un espacio vacío. Una cimbra tiene que apoyarse en algo, y ahí no había nada.

Los propios jurados del certamen no creían que fuese posible construir una cúpula sin cimbras.

La solución

Brunelleschi ganó, y su propuesta combinaba varias innovaciones simultáneas:

Ladrillo en lugar de piedra. Sustituyó la piedra toba prevista por ladrillo, mucho más liviano, lo que redujo drásticamente la carga.

Disposición en espina de pez. Los ladrillos se colocaron formando un patrón de espina de pez, en el que piezas verticales intercaladas traban las hiladas horizontales. El efecto es que cada anillo terminado se sostiene solo y sirve de base al siguiente: la cúpula se construye en horizontal, anillo sobre anillo, sin necesidad de sostén interior.

Cadenas y nervaduras. Un sistema de cadenas —de piedra y de madera, con elementos metálicos— y de nervaduras absorbía los esfuerzos horizontales que tienden a abrir una cúpula por su base.

Máquinas propias. Diseñó los dispositivos de elevación necesarios para subir materiales a esa altura, incluida maquinaria con inversión de marcha, que no existía.

Doble casco. La cúpula está formada por dos cáscaras, una interior estructural y otra exterior, con el espacio entre ambas usado para el ascenso y el mantenimiento.

El resultado fue la cúpula de mampostería más grande construida hasta entonces, y sigue siendo la mayor de su tipo.

La rivalidad

La historia tiene además un componente personal que la vuelve narrativamente irresistible: la rivalidad entre Brunelleschi y Lorenzo Ghiberti.

A comienzos del siglo XV ambos eran figuras centrales de la arquitectura y la escultura florentinas, y competían por los grandes encargos. Años antes, Ghiberti le había ganado el certamen para las puertas del baptisterio —una derrota que, según los relatos de la época, Brunelleschi encajó mal.

En 1418 el resultado se invirtió, y Brunelleschi se convirtió en arquitecto jefe del proyecto más ambicioso de la ciudad.

El perfil del personaje

Brunelleschi no era «arquitecto» en el sentido actual. Fue escultor, inventor de máquinas y relojes, ingeniero militar y naval, y creador de instrumentos musicales y escenografías teatrales.

Esa combinación —talento práctico más conocimiento matemático— define al tipo de figura que el Renacimiento italiano produjo en serie durante un siglo, y que después desapareció con la especialización de los oficios.

Se le atribuye además la formulación de las reglas de la perspectiva lineal, es decir, la herramienta que cambió la pintura europea durante los cuatrocientos años siguientes.

Lo que quedó

Desde 1436, la enorme cúpula rojiza domina el perfil de Florencia. Es visible desde toda la ciudad y desde las colinas circundantes, y ninguna construcción posterior le ha disputado esa posición.

Su influencia técnica fue igual de duradera: la basílica de San Pedro en Roma y las grandes cúpulas europeas y americanas posteriores descienden, en línea directa, del problema que un orfebre florentino resolvió sin andamios en 1420.

Preguntas frecuentes

¿Quién construyó la cúpula del Duomo de Florencia?

Filippo Brunelleschi, arquitecto florentino, tras ganar en 1418 el certamen convocado para resolver el cierre de la catedral.

¿Cuándo se construyó?

Las obras comenzaron el 7 de agosto de 1420 y la cúpula quedó cerrada en 1436, dieciséis años más tarde.

¿Por qué la catedral estaba sin terminar?

Porque se había comenzado en torno a 1300 con un hueco previsto para un domo que nadie sabía cómo construir con las técnicas disponibles.

¿Qué eran las cimbras y por qué no las usó?

Estructuras de madera que sostienen un arco o una bóveda mientras se construye. Para una cúpula de ese diámetro no había madera ni forma de montarlas: Brunelleschi prescindió de ellas.

¿Cómo lo consiguió?

Con un sistema de cadenas, nervaduras y máquinas de elevación propias, y sustituyendo la piedra prevista por ladrillo dispuesto en espina de pez, que se autosostiene durante la obra.

¿Quién era Lorenzo Ghiberti?

Su gran rival: le había ganado años antes el certamen para las puertas del baptisterio. La competencia entre ambos atraviesa toda la arquitectura florentina de esos años.

¿Qué otros oficios ejerció Brunelleschi?

Escultor, inventor de máquinas y relojes, ingeniero militar y naval, creador de instrumentos musicales y de escenografías teatrales.