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[ Cultura ]

Terezín: el campo donde la cultura fue una forma de resistencia

Impresión a una tinta de un libro abierto boca abajo sobre una mesa, junto a unas gafas de lectura plegadas.

En enero de 2024, una película de 2023 titulada «Terezín» se proyectó en Santiago para conmemorar la Jornada de la Memoria, en una actividad organizada por el instituto de cultura italiano en colaboración con las representaciones de Italia y de la República Checa en Chile. La elección del tema no es casual, y conviene explicar qué fue Terezín, porque es uno de los lugares más difíciles de contar de toda la historia del Holocausto.

Un campo con orquesta

TerezínTheresienstadt en alemán— era una ciudad fortificada del siglo XVIII en el actual territorio de la República Checa. La Alemania nazi la convirtió en un campo-ghetto que funcionaba, en la práctica, como antesala de los campos de exterminio: la mayoría de quienes pasaron por allí fue después deportada, sobre todo a Auschwitz.

Lo que hace de Terezín un caso singular es que en su interior existió una vida cultural intensa. Hubo orquestas, coros, teatro, conferencias y composición musical, sostenidos por prisioneros que eran artistas, músicos e intelectuales de primer nivel europeo, deportados allí precisamente por su condición.

El ejemplo más citado es Brundibár, una ópera infantil de Hans Krása que se representó decenas de veces dentro del campo, con niños prisioneros en escena. Casi ninguno de esos niños sobrevivió.

La fachada

La razón por la que esa actividad fue tolerada es la parte más incómoda del asunto: el régimen la utilizó. Terezín fue exhibido ante delegaciones internacionales como un asentamiento modelo, un lugar donde supuestamente la población judía vivía en condiciones aceptables, e incluso se produjo material filmado con ese propósito.

Mientras esas visitas ocurrían, las deportaciones seguían. La vida cultural del campo fue por tanto dos cosas simultáneas y contradictorias: una forma real de resistencia de quienes la sostuvieron —que siguieron componiendo, enseñando y actuando en condiciones extremas— y un instrumento de propaganda para quienes la permitieron.

Qué quedó

Sobrevivió el material. Los dibujos de los niños, las partituras, los poemas y los diarios producidos dentro del campo se conservaron y hoy forman uno de los conjuntos documentales más importantes del período. La ciudad mantiene un memorial y un museo.

Ese archivo es la razón por la que Terezín se enseña: no porque la cultura salvara a nadie —no lo hizo—, sino porque dejó constancia de primera mano, escrita y dibujada por las propias víctimas, incluidas cientos de niños.

La Jornada de la Memoria

Se conmemora el 27 de enero, aniversario de la liberación de Auschwitz. En Italia, como en otros países europeos, la fecha tiene reconocimiento oficial y una programación cultural anual asociada: proyecciones, exposiciones y actividades educativas.

El argumento que se repite en esas conmemoraciones es también el que justifica volver sobre Terezín: recordar no consiste sólo en mirar al pasado, sino en reconocer los mecanismos —la fachada, la visita guiada, el informe favorable— que permitieron que ocurriera a la vista de quien quisiera mirar.

El caso italiano

Italia tiene su propia historia dentro de este período, con la deportación de la población judía italiana tras 1943 y también con episodios de protección y rescate. En Chile, esa doble memoria aparece con frecuencia en la programación cultural de enero, y explica por qué una película sobre un campo checo se presenta en Santiago por iniciativa italiana: el Día de la Memoria se conmemora como una responsabilidad compartida y no como historia nacional de un solo país.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue Terezín?

Un campo-ghetto instalado por la Alemania nazi en la ciudad fortificada de Terezín —Theresienstadt en alemán—, en el actual territorio de la República Checa. Funcionó como lugar de concentración y como antesala de la deportación a los campos de exterminio.

¿Por qué se lo asocia con la cultura?

Porque en su interior hubo una actividad cultural intensa: orquestas, coros, teatro, conferencias y composición musical, sostenida por prisioneros que eran artistas e intelectuales de primer nivel.

¿Cómo usó la propaganda nazi ese hecho?

Lo exhibió. Terezín fue presentado ante delegaciones internacionales como un asentamiento modelo, y se produjo material filmado con ese propósito, mientras las deportaciones a los campos de exterminio continuaban.

¿Qué era Brundibár?

Una ópera infantil de Hans Krása que se representó decenas de veces dentro del campo, con niños prisioneros en escena. Es el símbolo más citado de la vida cultural de Terezín.

¿Qué ocurrió con quienes estuvieron allí?

La mayoría fue deportada a campos de exterminio, en particular a Auschwitz. Terezín no era un destino final sino una etapa, y esa es la razón por la que su fachada de normalidad resulta tan siniestra.

¿Cuándo se conmemora el Día de la Memoria?

El 27 de enero, aniversario de la liberación de Auschwitz. Es la Jornada de la Memoria reconocida internacionalmente y también en Italia.

¿Cómo se recuerda Terezín hoy?

La ciudad conserva un memorial y museo, y buena parte de los dibujos, partituras y poemas producidos en el campo se conservan y se exhiben. La obra de los niños de Terezín es material documental central del período.