Como subraya el diario italiano “Il Corriere della Sera”, cuando hace 16 años Gianluca Bisol, exponente de una familia del Véneto que lleva cinco siglos produciendo vino, profetizó que el Prosecco se convertiría en el vino espumante más vendido del mundo, muchos lo consideraron imposible.

No mucho tiempo después Bisol sorprendió a todos al declarar que la demanda mundial de Prosecco alcanzaría los mil millones de botellas. Nuevamente tildaron la afirmación como utópia.

En cambio la primera predicción se cumplió hace tiempo; mientras que en 2022 fue el turno de la segunda, aunque no se habla solo de las “burbujas” de la zona noreste de Italia (la típica del Prosecco).
Pues efectivamente la cuota de mil millones de botellas producidas ha sido alcanzada por todo el sector “burbujeante” italiano.

Según el Observatorio Unione italiana vini-Ismea, “2022 se cerró con un nuevo récord de producción muy próximo al techo de los mil millones de botellas (970 millones), por un contravalor de 2.850 millones de euros, de los cuales unos 2.000 millones sólo en exportaciones”.

En este contexto en el cual todo el “Vigneto Italia” alcanza cifras históricas, es efectivamente el vino Prosecco la locomotora: más de 7 de cada 10 botellas proceden de las dos denominaciones de origen DOCG (Conegliano Valdobbiadene y Asolo) y DOC, que abarca cinco provincias del Véneto y cuatro de Friuli Venezia Giulia.

 

La confirmación de que 2022 iba a ser un año dorado para la producción del vino espumante italiano llegó ya en noviembre desde Londres en el Champagne & Sparlding Wine World Championships 2022, el campeonato planetario de vinos espumantes: Italia ganó 53 medallas de oro, 129 de plata, además del trofeo más codiciado, el de bodega del año, que terminó por quinta vez a Ferrari de Trento, de la familia Lunelli.

Unos galardones que ahora, con las cifras mencionadas, subrayan el excelente momento de los espumantes italianos y de su mercado nacional e internacional.