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[ Gastronomía ]

Dieta mediterránea en Chile: por qué la zona central la permite

Impresión a una tinta de una ladera de terrazas secas con olivos en primer plano, vides en espaldera detrás y una cordillera al fondo.

Si el origen de la dieta mediterránea está en un estudio y no en un recetario, la pregunta siguiente es inevitable: ¿es aplicable ese patrón alimentario en Chile? La respuesta es sí, y no por adaptación forzada sino por coincidencia geográfica.

Cinco ecosistemas, no uno

Además de la cuenca del mar Mediterráneo existen cuatro ecosistemas más de tipo mediterráneo en el mundo. Todos comparten la misma posición: entre los paralelos 30° y 45° de latitud norte o sur, con sus costas orientadas al occidente. Uno de ellos es la región central de Chile.

Lo que define a esos ecosistemas es un régimen climático: inviernos templados y lluviosos, veranos secos y cálidos. Y ese régimen determina qué cultivos prosperan, lo que explica por qué territorios separados por medio planeta terminan produciendo lo mismo.

Lo que produce la zona central

La producción agrícola de la zona central chilena comprende los mismos grupos que sostienen el patrón mediterráneo. Los cuatro más representativos por su uso alimentario:

GrupoPresencia en Chile central
Aceite de olivaIndustria olivícola consolidada
Frutas y verdurasProducción extensiva de estación
Frutos secosNueces, almendras y avellanas
VinoZona vitivinícola histórica del país

Es decir: la lista de la compra del patrón mediterráneo se puede completar con producción local, sin depender de importación. Ese es un punto práctico importante, porque una recomendación alimentaria que exige productos importados es, en la práctica, una recomendación para quien puede pagarlos.

Los platos chilenos que ya siguen el patrón

La coincidencia no es sólo de insumos. La cocina tradicional chilena tiene platos cuya estructura es muy próxima a la mediterránea: charquicán, caldillo y porotos granados se construyen con productos vegetales cocidos sobre un sofrito de base, con la carne en papel de acompañamiento cuando aparece.

Eso invierte el planteamiento habitual. Adoptar un patrón de tipo mediterráneo en Chile no exige importar una cocina ajena: exige, en buena medida, volver a una cocina propia que ya existía y que fue desplazada por otra cosa.

Dónde está la dificultad real

No en la disponibilidad, sino en la proporción. El patrón que la investigación asoció a buena salud cardiovascular tenía muy poca carne roja y prácticamente nada de alimentos ultraprocesados. Es exactamente el punto en que las dietas contemporáneas —chilenas o italianas— se alejan de él.

Conviene además desactivar una confusión frecuente: la dieta mediterránea no es la cocina italiana. Es un patrón descrito estadísticamente en varias poblaciones del Mediterráneo, entre ellas el sur de Italia y Creta, y definido por proporciones. La cocina italiana contemporánea completa —con sus quesos, sus embutidos y sus postres— no corresponde a ese patrón, del mismo modo que la cocina chilena contemporánea no corresponde al charquicán.

Un asunto de salud pública, no de gastronomía

El interés chileno por esta materia viene del ámbito de la nutrición y las enfermedades crónicas, donde se ha estudiado la alimentación tradicional del país leída como dieta de tipo mediterráneo. La conclusión que se repite en esa literatura es doble: existe una potencialidad grande, y los esfuerzos por modificar hábitos alimentarios poco saludables en la población han tenido resultados limitados.

La segunda parte es la relevante. Que un país tenga el clima, la producción y hasta los platos adecuados no cambia por sí mismo lo que la gente come. Ese es el problema al que se enfrenta cualquier política alimentaria, y no se resuelve con una lista de alimentos recomendados.

Preguntas frecuentes

¿Se puede seguir la dieta mediterránea en Chile?

Sí, y con producción local. La zona central de Chile es uno de los cinco ecosistemas de tipo mediterráneo del planeta, y produce los mismos grupos de alimentos que caracterizan ese patrón alimentario.

¿Cuántos ecosistemas mediterráneos hay en el mundo?

Cinco. Además de la cuenca del mar Mediterráneo, existen cuatro más, situados entre los paralelos 30° y 45° de latitud norte o sur y con sus costas orientadas al occidente; uno de ellos es la región central de Chile.

¿Qué produce la zona central que coincide con ese patrón?

Aceite de oliva, frutas y verduras, frutos secos y vino: los cuatro grupos más representativos del patrón mediterráneo en términos de uso alimentario.

¿Hay platos chilenos tradicionales de tipo mediterráneo?

Sí. El charquicán, el caldillo y los porotos granados se preparan con productos vegetales cocidos y sofritos de base, muy próximos en estructura a preparaciones mediterráneas.

¿Qué significa «de tipo mediterráneo» en clima?

Un régimen de inviernos templados y lluviosos y veranos secos y cálidos. Ese patrón define qué cultivos prosperan, y es la razón de la coincidencia productiva entre zonas muy alejadas entre sí.

¿Entonces la dieta mediterránea no es exclusivamente italiana?

No lo es. Es un patrón descrito en varias poblaciones del Mediterráneo —el sur de Italia y Creta entre ellas— y reproducible allí donde existan los mismos grupos de alimentos y las mismas proporciones.

¿Cuál es el obstáculo real en Chile?

La proporción, no la disponibilidad. El patrón exige poca carne roja y pocos alimentos ultraprocesados, y es en ese punto donde las dietas contemporáneas se alejan de él.

¿Existe investigación chilena sobre esto?

Sí. El tema ha sido estudiado en el ámbito de la nutrición y las enfermedades crónicas en universidades chilenas, con trabajos sobre la alimentación tradicional del país leída como dieta de tipo mediterráneo.

¿Es más caro comer así en Chile?

No necesariamente: legumbres, verduras de estación y frutos secos locales son la base, y son productos de costo moderado. El componente caro del patrón es el pescado, no el resto.