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Espresso: la vida en italiano medida en tazas, y la industria detrás

Impresión a una tinta de un maniquí de sastre junto a una chaqueta colgada, con tijeras y una cinta métrica sobre el banco.

Pocos productos representan el vivere all’italiana con tanta claridad como una taza de caffè espresso. Es, junto con la pasta y el diseño, uno de los símbolos más potentes de la marca país —y, a diferencia de los otros dos, Italia no lo produce.

Esa paradoja es el punto de partida para entender el negocio.

Italia no cultiva café

No tiene clima para hacerlo. El café se cultiva en la franja tropical, e Italia importa café verde —el grano antes de tostar— desde los países productores.

Su aporte está enteramente en la transformación: el tostado, la mezcla, el envasado y, sobre todo, el método de preparación que exportó al mundo entero.

Es un caso de manual de creación de valor sin materia prima propia, y explica por qué la industria italiana del café es tan competitiva: lleva cuatro siglos compitiendo en lo único que podía controlar.

Las cifras

Dato
Empresas de tostaduraMás de 800
Café verde transformado~9,9 millones de sacos de 60 kg al año
Crecimiento interanual registrado~+7,3 %
Posición mundial por volumen transformadoEntre los primeros

Ochocientas tostadurías es un número altísimo para un país de ese tamaño, y describe una estructura industrial característicamente italiana: muchas empresas medianas y pequeñas especializadas, en lugar de tres o cuatro grandes grupos.

Esa fragmentación tiene una consecuencia directa en la taza: existe una enorme variedad de mezclas y perfiles de tueste, con identidades regionales marcadas —el tueste del norte es más claro, el del sur más oscuro y más amargo.

De Venecia al espresso

La tradición se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, cuando abrió en Venecia la primera «bottega del caffè».

El lugar no es casual: Venecia era el puerto de entrada del comercio con Oriente, y el café llegó por la misma ruta que las especias. Desde ahí se difundió a las demás ciudades italianas y al resto de Europa, dando origen a la institución del café público —el local donde se lee, se discute y se conspira— que sería central en la vida intelectual europea de los dos siglos siguientes.

El espresso, en cambio, es muy posterior: aparece con el desarrollo de la máquina de presión a comienzos del siglo XX. Es, por definición, café extraído con presión y en poco tiempo, y esa técnica es la contribución italiana decisiva a la historia del producto.

Lo que el espresso cambió

Antes de la máquina, preparar café tomaba minutos. Después, treinta segundos.

Esa diferencia creó un hábito social nuevo: el café de pie en la barra, consumido en un minuto, varias veces al día. Es un ritual urbano, breve y repetido, muy distinto del café de sobremesa que domina en otras culturas.

Y explica una particularidad que desconcierta a los visitantes: en Italia el café no se lleva en un vaso grande mientras se camina. Se toma ahí, rápido, y se sigue.

Un consumidor más exigente

También en Chile la demanda de café ha aumentado, y sobre todo se ha sofisticado: crece el interés por la procedencia, por el procesamiento del grano y por la trazabilidad, además del resultado final.

Es la misma evolución que atravesó el vino tres décadas antes. El consumidor pasa de elegir por marca a elegir por origen, variedad y método —y esa transición, una vez iniciada, no retrocede.

Para la industria italiana eso es a la vez una oportunidad y un desafío: su fortaleza histórica es la mezcla, el arte de combinar orígenes para lograr un perfil constante, mientras la tendencia del consumidor especializado va hacia el origen único.

Tradición y tecnología

Vale terminar donde el asunto suele empezar mal. El café italiano se presenta habitualmente como pura tradición, y es también un sector de innovación tecnológica intensa: máquinas profesionales, sistemas de extracción, control de temperatura y presión, sistemas domésticos.

Esa parte de la industria —la fabricación de máquinas— es tan italiana como el tueste, y probablemente más exportadora. Detrás de cada taza servida en un bar de cualquier país del mundo hay, con bastante frecuencia, una máquina fabricada en el norte de Italia.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo llegó el café a Italia?

En la segunda mitad del siglo XVI, con la apertura de la primera «bottega del caffè» en Venecia, puerto de entrada del comercio con Oriente.

¿Cuándo apareció el espresso?

Con el desarrollo de la máquina de presión, a comienzos del siglo XX: el espresso es el resultado de extraer el café con presión y en poco tiempo.

¿Cuántas tostadurías hay en Italia?

Más de ochocientas empresas dedicadas al tostado del café verde.

¿Cuánto café transforma Italia?

Del orden de 9,9 millones de sacos de 60 kilos al año, con crecimiento sostenido en los últimos ejercicios registrados.

¿Italia produce café?

No: no tiene clima para cultivarlo. Importa café verde y lo transforma, que es donde está su valor añadido.

¿Qué busca hoy el consumidor?

Cada vez más información sobre procedencia, procesamiento y trazabilidad, además del resultado en taza.

¿Está creciendo el mercado en Chile?

Sí, con una demanda más sofisticada y consumidores atentos al origen y al método de preparación.