Marca país: cómo Italia intentó vender algo más que turismo
A fines de noviembre de 2021 Italia lanzó una campaña global de nation branding que se extendió hasta agosto de 2022. Su planteamiento era explícitamente distinto del habitual: no promocionar el país como destino turístico ni potenciar una excelencia sectorial concreta, sino trabajar sobre la percepción del país en su conjunto.
Vale la pena examinarla, porque es un buen caso para entender qué es una marca país y qué se le puede exigir.
Qué es el nation branding
Es el conjunto de estrategias con que un Estado intenta gestionar su reputación internacional como si fuera una marca comercial. Se distingue de dos cosas con las que se confunde:
- de la promoción turística, cuyo objeto es vender viajes;
- de la promoción sectorial, cuyo objeto es vender una categoría de productos —vino, moda, maquinaria.
Su objeto es más abstracto y más ambicioso: la percepción del país entero, de la que después dependen todas las demás.
Por qué a un país le importa
La razón es económica y bastante directa. La reputación de un país funciona como una prima o un descuento sobre todo lo que vende.
Un país asociado a precisión e ingeniería puede vender maquinaria industrial con márgenes altos. Uno asociado únicamente a paisaje y gastronomía vende noches de hotel y botellas de vino, que es un negocio distinto y de menor valor agregado.
Ese desajuste es exactamente el problema italiano. Su imagen internacional está construida sobre arte, comida y moda, mientras el grueso de su superávit comercial lo generan maquinaria, mecánica de precisión y química. Una marca país que sólo evoca la dolce vita deja sin respaldo reputacional a dos tercios de su economía exportadora.
Qué reivindicaba la campaña
La lista de valores que la campaña enumeraba era esta: pasión y estilo, herencia y diversidad, innovación y creatividad, curiosidad y dedicación, coraje e imaginación, competencia y precisión.
Las tres últimas parejas son el objetivo real del ejercicio. «Pasión y estilo» es lo que el mundo ya atribuye a Italia; «competencia y precisión» es lo que la campaña intentaba añadir, y es justamente lo que una industria de bienes de capital necesita que se le reconozca.
El problema de fondo de estas campañas
Y aquí está la objeción que cabe hacer a cualquier campaña de este tipo, incluida esta: una lista de valores positivos es indistinguible de la de cualquier otro país.
Pasión, creatividad, coraje, dedicación, precisión. Ningún Estado reivindicaría lo contrario, y por eso los mensajes de marca país tienden a converger en el mismo vocabulario. Lo que diferencia realmente a Italia no es que se atribuya precisión, sino que exporta más maquinaria que Francia y que el 93 % de sus paneles de aglomerado se fabrican con madera reciclada. Los hechos verificables funcionan como argumento; los adjetivos, mucho menos.
Medir el efecto es igualmente difícil. Existen índices de reputación de países, pero aislar el impacto de una campaña concreta del efecto de las noticias, la coyuntura económica y la cultura popular es prácticamente imposible. Una serie de televisión exitosa mueve la percepción de un país más que cualquier presupuesto público de comunicación.
Lo que sí funciona
La experiencia acumulada en esta materia apunta a instrumentos más modestos y más comprobables que las campañas de valores: denominaciones de origen registradas mercado por mercado, acceso efectivo del producto a los canales de venta, programas de formación e intercambio universitario. Son lentos, poco espectaculares y difíciles de anunciar, y son los que dejan rastro medible.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el nation branding?
El conjunto de estrategias con que un país intenta gestionar su reputación internacional como si fuera una marca. Se distingue de la promoción turística o sectorial porque su objeto no es un producto sino la percepción del país entero.
¿Qué hizo Italia en 2021?
Lanzó su primera campaña de nation branding propiamente dicha, con un enfoque que no buscaba promocionar el país como destino turístico ni potenciar un sector concreto.
¿Cuánto duró?
Se lanzó a fines de noviembre de 2021 y se extendió hasta agosto de 2022, en dos fases: la primera centrada en los valores que el país se atribuye y la segunda en su aplicación concreta.
¿Qué valores reivindicaba?
Los que la propia campaña enumeraba: pasión y estilo, herencia y diversidad, innovación y creatividad, curiosidad y dedicación, coraje e imaginación, competencia y precisión.
¿Por qué un país necesita una marca?
Porque la percepción internacional afecta a exportaciones, inversión, turismo y captación de talento. Un país asociado a precisión vende maquinaria; uno asociado sólo a paisaje vende noches de hotel.
¿Se puede medir el efecto de estas campañas?
Con dificultad. Existen índices de reputación de países, pero aislar el efecto de una campaña concreta de las noticias, la economía y la cultura popular es prácticamente imposible.
¿Qué riesgo tienen estas campañas?
El de describir un país por sus intenciones y no por sus hechos. Una lista de valores positivos es indistinguible de la de cualquier otro país que reivindique lo mismo.